PARA QUÉ LA POESÍA (I)

Comienzo a leer el libro de Walter Benjamin: Baudelaire, y ya en el prólogo me encuentro la transcripción de un párrafo extraído de sus <<Notas sobre los Cuadros parisinos de Baudelaire>> que me ha hecho pensar un poco sobre la intención que me ronda desde hace tiempo acerca de de escribir y reflexionar algo sobre el objeto de la poesía:
  <<Supongamos al efecto que una ciencia que esté ligada al devenir social tenga el derecho de considerar una obra poética (…) como una especie de llave fabricada sin la menor idea de cual será la cerradura en la que, un día, vaya a ser finalmente introducida. Dicha obra se vería al fin revestida de una nueva significación a partir de la época en la que el lector, o mejor, una nueva generación de lectores se percatara al fin de poseer esta llave maestra>>.
  Encuentro muy exacta la analogía entre la función poética y una llave fabricada pero de la que aún no sabemos qué puerta abrirá. Quizás el poeta, en el momento de la génesis de su poesía, no era del todo consciente del efecto que su obra puede llegar a tener en un futuro a unas desconocidas generaciones que tendrán otra relación con la realidad, y que esa realidad será otra; que todo su entorno será distinto, y que sus horizontes intelectuales habrán evolucionado por un terreno todavía desconocido en la época del autor.
  Sin embargo el poeta sí que sabe que algo se está gestando dentro de él que es importante y necesario que lo manifieste en la forma y con las palabras que él lo vive y lo siente, porque sólo el poeta dispone de una sensibilidad dotada para intuir que lo que está haciendo posee un valor en su contemporaneidad y otro en el futuro, pues es inevitable que ese valor se transforme a la luz de las nuevas experiencias. Por tanto, creo que si nos preguntásemos que si la poesía es necesaria o si sirve para algo, la respuesta debería ser afirmativa (y no me refiero a cuestiones de calidad ni temática), pero al intentar concretar en qué, la respuesta se hace compleja porque parece expandirse por mil caminos, y siempre dependerá del momento y de la interpretación que se haga de ella.
  De entrada, si el futuro lector siente un impacto en su conciencia tras una lectura poética, es porque, por fin, el lector y la poesía han coincidido oportunamente en uno de los cruces de sus caminos, y puede, como dice Benjamin en su texto:
  <<Para ellos, las bellezas esenciales que atesora esa obra irán ahora a integrarse en un valor supremo, haciéndoles captar a través de su texto, ciertos aspectos de una realidad que no será ya tanto la del poeta difunto como la suya propia>>.
  Con lo que la poesía original habrá trascendido ya —y seguirá haciéndolo— al propio autor; será cuando la llave encuentre su cerradura, o una de ellas, porque posiblemente no será la única puerta que abra ni en ese tiempo, porque a nuevos lectores les corresponderán nuevas experiencias y desconocidas necesidades de dar otro sentido a las palabras.
  Estoy seguro de que si un objeto creado en un tiempo pasado produce un nuevo efecto en la persona que reciba el objeto, el beneficio, aunque intangible, será mutuo: sujeto-objeto objeto-sujeto, y mientras haya personas que sigan ‘padeciendo’ la necesidad de expresar y vivir la Belleza poética en un sentido total, podemos decir que, aunque sólo sea por esto, la poesía ya es absolutamente necesaria.

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