CRÍTICA A UNA MALA NOVELA

Lectura de verano en el spleen de las vacaciones: ‘Lo que no te mata, te hace mas fuerte’ de  David Lagercrantz. Me había propuesto no escribir nada durante estos días pero de vez en cuando un poco de ‘mal rollo’ también va bien: por lo de la adrenalina.

    Me gusta la novela negra como lectura de descanso y por todas las posibilidades que ofrece este género; al azar y sin más recomendación que por que me gustó la portada, elegí la que acabo de nombrar.

    A las pocas páginas consumidas, ya me di cuenta de que me había equivocado: en primer lugar la moda de las fechas, todo ocurre en un tiempo récord, como en las series baratas de TV: para dar dinamismo al asunto comprimamos el tiempo y todo el mundo irá deprisa. Esto es atractivo. Se abren en seguida varios escenarios diferentes con sus  personajes dentro; escenarios que se van abriendo y cerrando cada pocas páginas, conservando la fidelidad a los estándares de telenovela  aplicados hasta la saciedad: en la última línea  de cada secuencia correspondiente a un escenario determinado se cambia a otra cosa, lo anterior queda en suspenso, y cada una de estas secuencias-escenario es conveniente que sean más breves conforme nos acercamos al final: para lo de la prisa.

  Sigamos aplicando  el manual de auto ayuda: los personajes se construyen con  la plantilla del cánon: caracteres tópicos y planos, haciéndolos entrar ya desde el principio a borbotones para hacer confundir al lector para que después no los va a poder controlar a todos, y, sin que sea necesario, se nos explica la vida y portentos de aquellos personajes que no tienen más relevancia que la puntual del momento: personajes a quienes no hace falta darles ni nombre, y este defecto de abrir personajes que no tienen más duración que lo que cuesta leer sus nombres, se produce hasta las páginas finales, cuando lo normal es que si a  un personaje no le das nombre ni lo dibujas demasiado, ya estás diciéndole al lector que a ti, como autor, no te interesa en absoluto pero te hace falta para lo que sea. (Me he saltado páginas de exceso descriptivo sin que luego haya tenido que volver atrás para averiguar algo del intruso). Aunque si  algo tienen en común casi  todos los personajes, sean del estamento que sean, es el lenguaje forzadamente soez.

   No he leído nunca una novela donde aparezca tantas veces la palabra <<mierda>> (propongo nominar esta novela a un Guinness).  El empleo de ciertos lenguajes es buen mecanismo para lograr un efecto descriptivo, realista, o de rechazo en el lector, pero aquí (Y no sé si es culpa del autor o de la traducción) se usa en exceso, tanto en boca de personajes a quienes no corresponde ni es necesario para darnos idea de su perfil, como por parte del narrador. Si esta estrategia se ha hecho exprofeso para darle un aire de modernidad, de calle, de naturalidad o de estar a la vuelta de todo para aproximarse a públicos menos críticos (lo cual sería comprensible), yo creo que lo que consigue es todo lo contrario al empobrecer y entorpecer  el conjunto de todo el texto (Y aplico el verbo empobrecer por no pegar una vez más el que pondría el señor David o sus traductores. Que no lo sé).

  Y el empleo de dicha palabra por parte del narrador, sí que es inaudito, porque aquí demuestra que el autor, como no tiene más recursos para dibujar al personaje, habla él, pero emulando a su personaje, con lo que la posición del narrador queda deformada y el personaje desfigurado e incompleto ¿Por qué no deja que sean ellos quienes se expliquen con sus vocabularios adecuados, y que él únicamente intervenga en aquellas ocasiones donde la presencia de los actores sea imposible? Tampoco sabemos el porqué, pero queda de un “cutre”  monísimo. Al sustantivo referido le siguen, aunque con menos protagonismo: <<joder>>, << Hijo de puta>> y no recuerdo si alguno más.

   En el ámbito de los excesos y abusos, está el de la publicidad encubierta, a la descarada, sobre todo  en lo referente a un teléfono móvil con su correspondiente sistema; si compro y pago por un  libro  ¿Por qué el autor, o el editor, me han de colar publicidad de una marca X, que aunque hubiese sido inventada no habría variado en nada el desarrollo? Y es que la marca X o N  tampoco aporta nada a esta historia. A veces sí que se asocian determinadas marcas a un modo de vida o como refuerzo de imagen: Coca-Cola, Ferrari, Moët & Chandom…  pero en esta novela  se les ve demasiado “el plumero”.

   En el mismo capítulo de los excesos incluyo las referencias reiterativas a la situación meteorológica del lugar. Yo ya casi esperaba que al final el malo sería San Pedro: ‘Deus ex machina’. Repetición también inútil porque tampoco ayuda en nada por absurda y fuera de lugar; con una pincelada muy de tanto en tanto es más que suficiente. Los románticos usaron la naturaleza, o el clima, con un arte y una implicación lírica que este escritor debería revisar para saber: lo que se puede hacer pero que a lo mejor no conviene; lo que se puede hacer porque es necesario; y lo que no se puede hacer  ni hace falta hacerlo. Por suerte no se enreda a darnos clases magistrales de cómo funcionan las isobaras, los hectopascales, o los principios de la méteo en Saturno porque podríamos morir de depresión polar.

    No lo he dicho en broma, porque el autor, bien por su propia voz (¡)  o a través de algún personaje,  no se reprime a la hora de darnos ‘charlas culturales’ sobe la sicología, el funcionamiento de las estrellas, los agujeros negros,  numerología o los superordenadores (casi al final, un personaje se empeña en explicar la superposición de la lógica en los ordenadores convencionales frente a los ordenadores cuánticos, cuando lo único que quiere decir -aunque se podría prescindir de esta información, por inútil-,  es que los ordenadores funcionan con la lógica del sí o del no, mientras que los cuánticos pretenden jugar con ambas posibilidades al mismo tiempo. Demencial).  Pero es que este es un recurso que se emplea con exceso cuando un escritor quiere apabullarnos con una demostración de lo mucho que sabe (Sólo se ha documentado con ayuda de Wikipedia) sobre un tema cualquiera; recurso que  no somos quiénes para criticar a Herman Melville en Moby Dick respecto a  su ‘conferencia’ sobre las ballenas, pero es que no todo el mundo es Herman Melville, y él tampoco lo hizo para rellenar hojas y tapar deficiencias propias.

   Lo único acertado es el título de la novela, una frase de  Niestzche aplicada aquí a Lisbeth Salander; un personaje que a mi me parece el mejor tratado, pero sin excederse (Se le podría sacar más color si se profundizase en sus aristas y claroscuros), lástima que al final lo emponzoñe con no sé qué personajillo de comic americano, porque si el título es aplicable, con acierto, a Lisbeth, al lector, la novela no sólo no logrará que muera de placer con su lectura ni  de miedo subjetivo, sino que además tampoco saldrá reforzado en nada.

    En general es un exceso de cosas que sobran y un exceso de ausencias: sobran páginas y nombres que no aportan nada, y si en una novela algo o alguien  no aporta nada, ni siquiera un adorno necesario, lo que hacen es ocupar sitio, tiempo, y enmarañar, aunque posiblemente sea éste el objetivo, y falta lo que, para mí, es el verdadero arte en este género: entretener, convencer, sorprender, y dejar pensar al lector por su cuenta,  sin que sea obligatorio pretender fundar con cada título una escuela clásica. Hay quien al crear un objeto lo complica en su función o en su diseño y  creen que con eso dan imagen de inteligencia y profundidad al  objeto creado, creo que la inteligencia no se demuestra en crear complicaciones sin fundamento, sino en saber explicar de la forma más sencilla posible lo que por su propia naturaleza ya es complicado.

    Novela con  personajes unidimensionales, resabidos, sin relieve humano ni sicológico, de serie barata  de TV, como hemos dicho, con una trama enredada de forma artificial en la ya establecida línea novela-basura  de los ‘Códigos da Vinci’ y su escuela: usar y tirar, o ni comprar, para no tener luego la rabia de pensar que una parte de nuestro dinero ha servido para comprar humo. Aunque puede servir de modelo de cómo aplicar los consejos de cualquier manual de  ‘¿Quieres vivir del cuento: Escribe  tu novela en quince días’.

   Aún así, somos afortunados, porque cuando deseamos acercarnos a este género de novelas, hay y ha habido, tanto aquí como fuera de nuestro país,  autores de sobras  con los que sí que podemos dejarnos morir de vez en cuando por el placer de leerlos.

Ll. l.

También se ha publicado en el blog ‘Foro de Escritores’ en el apartado ‘La Estanteria’

 

 

2 respuestas a “CRÍTICA A UNA MALA NOVELA

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