Sobre La Piel Fría (La Pell Freda) de Albert Sánchez Piñol

 

 

Publico hoy mi opinión sobre la novela La Piel Fría (La Pell Freda)  de Albert Sánchez Piñol, relato no realista que ubica la historia en una isla minúscula, poco más que un islote apenas visible en las cartas de navegación y, como la isla de Crusoe, ignorada por  las rutas marítimas que cruzan el Pacífico.

 

La isla, creo que su nombre no aparece en ningún momento, que es un paraje desabrido castigada por un clima hostil y parcialmente cubierta por un pequeño boscaje, dispone de un simulacro de embarcadero en su costa rocosa y dos únicas construcciones: un faro y una casa o cabaña observatorio.

A esta casa es conducido, en un destierro casi voluntario, un oficial de mediciones de la marina inglesa, su nombre Kollegue, con la misión de tomar información  detallada  de  los vientos y mareas durante un año, y así hacer el relevo al oficial anterior: Batis Caffó,  un tipo atravesado y huraño —se supone que enloquecido por la soledad y el clima  enemigo—,  quien, fortificado en el faro, se niega a abandonar la isla, aunque Kollegue ocupará la casa observatorio que, en principio, es el lugar que le corresponde.

Enseguida, nada más partir el barco del transporte, ya se establece  una relación violenta entre ambos personajes, sin embargo, a pesar del enfrentamiento y los balazos, acabarán refugiados los dos en el faro a partir de la noche en que Kollegue sufre un primer ataque de unos seres anfibios que surgen del mar; su forma es casi humana, de piel verdosa y  ojos grandes y  fluorescentes que atacan a los humanos casi cada noche empujados por lo que parece ser un instinto depredador. Contra esos ataques, Kollegue y Batis, a pesar de su imposible convivencia,  deben unirse para defenderse con sus armas  del enemigo, a muerte

Pero Kollegue no tarda en descubrir que en el faro hay otro habitante, es uno de los anfibios, Aneris, que camina casi siempre detrás del viejo. Se trata de una hembra que tiene formas femeninas bellísimas, de líneas casi humanas, solo que de menor estatura, pero, aunque Kollegue observa que no parece  tener sentimientos, ve que  también carece  de la violencia que muestran los de su raza. El joven oficial siente enseguida una repugnancia natural hacia aquel ser ambiguo que no habla, que solo gime, pero  que no sufre y que soporta sin rechazo la dureza con que la trata Batis; repugnancia en Kollegue quizás motivada desde el primer momento que tuvo un descuidado contacto físico con ella y, lo primero que se le grabó entonces, fue la  repulsión hacia aquella piel tan blanda: como tocar una larva o un gran gusano frio. Pero esta repulsión y la posterior agresividad que también él mostró hacia Aneris, pronto le condujo a reflexionar sobre ese animal sin alma ni conciencia, porque era diferente.

Los ataques nocturnos, que se van endureciendo cada vez más, hacen  la vida casi imposible en el islote y, con ello, también fuerza que se deteriore paulatinamente el sentido humano de Kollegue y Batis quienes, ya no solo por supervivencia,  recurren a las par  a recursos cada vez más belicosos y feroces para matar y masacrar a docenas de aquellos batracios.

Pero todo comienza a girar cuando   Kollegue establece una relación con un anfibio niño y conoce la colonia infantil, entonces, sus sentimientos se van transformando porque surge un afecto improbable entre un humano inteligente y un húmedo animal de la oscuridad.  Este sentimiento hace que la actitud del joven oficial  hacia los anfibios vaya variando, lo que también provoca que la situación con Batis empeore hasta llegar a extremos insostenibles en una especie de triángulo del que Aneris ya forma parte esencial.

La Piel Fría es el reconocimiento y el descubrimiento por parte del humano Kollegue de la alteridad; el reconocimiento de que “los otros” pueden ser tan diferentes y horribles para nosotros como nosotros para ellos. Lo que le hace replantearse también al protagonista el concepto del yoismo como actitud frente a los demás —pero esto también parece  llevar a Kollegue a reflexiones parecidas  a las que, en cierto modo, se pueden encontrar en la novela El hombre duplicado de José Saramago, en la que Saramago penetra por ese camino tan complejo como es el  ver en nosotros, a través  del otro, lo que no creemos ser.

Sobre esta novela, traducida a un buen número de idiomas, se ha escrito mucho, en  una de las interpretaciones que he leído aparece la pregunta de si  Batis existe realmente o no es más que una parte del yo de Kollegue. No lo sabemos. También Kafka, en un pequeño texto, exponía si el Quijote existía o era una proyección del yo oculto de Sancho Panza.

Relatada la historia en tercera persona no impide que, hábilmente, el narrador nos lleve a una introspección que crea un entorno hábil desde el que el lector se puede formar distintas interpretaciones, como hemos dicho, sobre la conducta humana que yace bajo la mera historia.

Por último, decir que La Piel Fría —no soy quien para hacer una crítica más detallada— me ha parecido escrita con una calidad literaria excelente y,  las primeras líneas, las guardo en mi lista mental de los mejores comienzos que he leído, solo en ellas ya  hay un buen filón para pensar un poco:

“Nunca estamos infinitamente lejos de aquellos a quienes odiamos. Por la misma razón, pues,    podríamos creer que nunca estaremos absolutamente cerca de aquellos a quienes queremos”

Un buen punto de arranque para una buena novela.

Editada en catalán por La Campana y en español por Alfaguara.

 

Luis López Sanz

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.